Hace unos 30.000 años, el Pacífico septentrional estaba congelado a la altura del Estrecho de Behring y podía pasarse de Asia a América caminando sobre el hielo. Los primeros pobladores de América fueron asiáticos que caminaron sobre un gélido istmo intercontinental y se diseminaron lentamente por la vastísima geografía americana. Los primeros pobladores de América pisaron suelo americano sin necesitar ninguna otra obra de ingeniería vial que la autopista intercontinental asiático-americana de Behring, magna obra del Creador, quien, posteriormente, decidiría alterar sustancialmente el clima de la Tierra y descongelar el Estrecho de Behring, aunque ello le implicase suprimir Su magna obra de ingeniería vial.
El 24 de marzo de 1976 d.C., ocho días antes de mi sexto cumpleaños, la muy católica presidenta constitucional argentina María Estela Martínez de Perón había sido derrocada por su muy católico comandante en jefe del Ejército, general Jorge Rafael Videla, dejando, entre otras cosas, el Puente Zárate-Brazo Largo a medio construir. A diferencia del Pacífico septentrional del siglo CCCXXXIII a.C.., el río Paraná no estaba congelado en el último tercio del siglo XX d.C., ni lo está en este primerísimo tramo del tercer milenio poscristiano. No era posible transitarlo a pie. En aquel año de 1976 d.C., visité el entrerriano Palmar de Colón con mis padres y mi hermana de cuatro años, desplazándonos en un modesto Renault 6 conducido por mi progenitor. En nuestro viaje de regreso, debimos abordar, con el auto puesto, un enorme transbordador anclado en la ciudad entrerriana de Brazo Largo. La imponente embarcación enfiló hacia la ciudad bonaerense de Zárate, surcando el majestuoso Paraná en una tarde brumosa. Las brumas del Paraná envolvían parcialmente la silueta del inconcluso puente interprovincial entrerriano-bonaerense, inaugurado a fines del año siguiente. Aquel fue mi primer contacto con la ingeniería vial, que tan nobles servicios vi prestar en mi reciente viaje a la Argentina nororiental y al Paraguay sudoriental. En 1981, mis padres, mi hermana y yo viajamos a la capital entrerriana. Me entusiasmé, como el niño que aún era a mis once años, cuando abordamos el Túnel Subfluvial Hernandarias para desplazarnos entre las capitales santafesina y entrerriana. Ya no era factible atravesar a pie el Estrecho de Behring. Pero era posible cruzar el río Paraná por debajo de su imponente lecho, sin mojarse. Cosa que dudo que pudiesen hacer los primeros pobladores del Litoral paranaense, cuyos antepasados asiáticos sólo habían necesitado, para hollar suelo americano, de la Autopista de Dios, tendida por el Supremo Creador, hace millares de años, sobre el imponente lecho del Pacífico septentrional
| El Puente Zárate-Brazo Largo en construcción (c.1975) |
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